
Autor: J. Miguel Núñez Martín
Imaginemos caminar entre las calles del Valladolid del siglo XVI, una ciudad pletórica, mercaderes, conquistadores, nobles y reyes paseaban por una ciudad en constante evolución con importantes reformas llevándose a cabo, se levantaban enormes edificios (palacios, conventos, iglesias) la ciudad no descansaba, quedaba mucho por hacer. Y es que nos encontramos en la perla de la corona, la capital política y administrativa de un reino convertido en imperio que dominaba medio mundo y al que el otro medio rendía honores.
Valladolid fue repoblada por el conde Ansúrez durante el siglo XI por orden del rey Alfonso VI de León y de Castilla, durante los siglos siguientes la ciudad crecería de una forma espectacular asentando en ella su residencia varios monarcas, le fueron concedidos multitud de privilegios, lo cual mejoró enormemente el nivel económico y social de la ciudad.
A finales del siglo XV se había convertido en una de las ciudades más importantes del reino, un reino (el de Castilla) que tras la finalización en el año 1492 de la reconquista cerraba un largo periodo de la historia de España que había durado casi 8 siglos durante los cuales se había invertido gran parte del esfuerzo económico y humano en la conquista de estas tierras. Por lo que ahora Castilla, ya convertida en España tras la unión de los Reyes Católicos, podía dedicarse a otros menesteres como fueron la exploración y conquista de nuevas tierras en el recién descubierto continente americano.
Estas nuevas tierras reportaron una enorme riqueza a la corona, otorgando al reino un enorme poder económico que sumado a una suerte de herencias territoriales y al elevado nivel del ejercito, con los afamados tercios españoles que sembraban el terror entre sus rivales con solo ser nombrados (llegando a ser acuñada la conocida frase “españoles en el mar quiero y si es en tierra san Jorge nos proteja” pronunciada por un oficial británico), hizo que España se convirtiese en la potencia mundial del momento.
Toda esa serie de éxitos y riquezas hicieron que, al igual que en el resto del país, se viviese una gran euforia y como si de una imperiosa necesidad se tratase se levantaron multitud de edificios y monumentos. Uno de los más portentosos proyectos fue el que se pretendía llevar a cabo en la ciudad, la construcción de una catedral, enorme y moderna que como veremos más adelante serviría de ejemplo para otras muchas y sobre la que nos centraremos.[...]
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